martes, 27 de abril de 2010


NUEVA EDICION DEL ANUARIO ESTADISTICO DE LA IGLESIA

CIUDAD DEL VATICANO, 27 ABR 2010 (VIS).-La Librería Editora Vaticana acaba de publicar una nueva edición del Anuario Estadístico de la Iglesia, en el que se recogen datos sobre los principales aspectos relativos a la acción de la Iglesia católica en los diferentes países en el período 2000-2008.

A lo largo de estos nueve años, la presencia de católicos en el mundo ha pasado de 1.0.45 .056 en 2000 a 1.166 millones en 2008, con una variación relativa del +11,54%. Sin embargo, leyendo los datos de forma diferenciada se observa que en África se registra un incremento del 33%, mientras en Europa la situación se mantiene sustancialmente estable (+ 1,17%); en Asia el incremento es de +15,61%, en Oceanía +11,39) y en América + 10,93. No obstante, los católicos europeos han pasado del 26,81% del 2000 al 24,31%, de 2008. En América y Oceanía se mantienen estables y en Asia aumentan ligeramente.

Por lo que respecta al número de obispos en el mundo, se ha pasado de 4.541 en 2000 a 5.002 en 2008, con un aumento del 10,15%.

La población sacerdotal, tanto diocesana como religiosa, muestra un ligero crecimiento a lo largo de estos nueve años (con un aumento del 0,98% a nivel mundial), pasando de 405.178 en 2000 a 409.166 en 2008. Si en África y Asia aumentan (respectivamente un 33,1% y un 23,8,%), América se mantiene estable, mientras Europa y Oceanía disminuyen un 7% y un 4%.

Los sacerdotes diocesanos aumentan un 3,10%, pasando de 265.781 en 2000 a 274.007 en 2008. Por contraste, los sacerdotes religiosos se hallan en constante disminución (-3,04%), llegando a ser 135.159 en 2008. Los sacerdotes disminuyen claramente solo en Europa: si en 2000 representaban más del 51% del total mundial, en 2008 decrecen al 47%. Sin embargo, si en Asia y África juntas suponían en 2000 el 17,5% del total, en 2008 el porcentaje era del 21,9%. América ha aumentado ligeramente su porcentaje que ronda el 30%.

En cuanto a los religiosos no sacerdotes, si en 2000 eran 55.057, en 2008 han bajado a 54.641. Comparando los datos por continentes, en Europa se percibe una neta disminución (-16,57%) y en Oceanía (-22,06%), manteniéndose establemente en América y aumentando en Asia (+32,00%) y en África (+10,47%).

Las religiosas son casi el doble que los sacerdotes y 14 veces los religiosos, pero actualmente están disminuyendo. Han pasado de 800.000 en 2000 a 740.000 en 2008. En cuanto a su distribución geográfica, el 41% reside en Europa mientras en América vive el 27, 47% , en Asia el 21,77% y en Oceanía el 1,28% . En términos generales, las religiosas han aumentado en los continentes más dinámicos, África (+21 %) y Asia (+16%).

El Anuario Estadístico de la Iglesia también recoge la evolución del número de estudiantes de filosofía y de teología en los seminarios diocesanos y religiosos. A nivel global han aumentado, pasando de 110.583 en 2000 a más de 117.024 en 2008. Mientras en África y en Asia los candidatos al sacerdocio aumentan, en Europa disminuyen.
OP/ VIS 20100427 (520)

domingo, 25 de abril de 2010

sábado, 24 de abril de 2010

LA PALABRA DE DIOS SE HIZO CARNE


Durante estos días del tiempo pascual, en la Parroquia de la Anunciación de Nuestra Señora de Pozuelo, los sacerdotes, don Félix y don José María, nos regalan unas sabrosísimas palabras en la homilía de la eucaristía diaria. A continuación transcribo, una homilía de don Félix, nuestro párroco:

Dicen los biblistas que Juan ha reservado el uso de la palabra “carne” para referirse exclusivamente a la encarnación (la Palabra de Dios se hizo carne) y a la Eucaristía. Ambas se iluminan mutuamente. Si la Palabra de Dios se hizo carne,

· quiere decirse que donde Dios habla, ahora, es en la persona de Jesús (Él es la Palabra de Dios), a Él hay que escuchar, porque las antiguas Diez Palabras ahora son una sola: Cristo.
· Y si las Diez Palabras dieron origen al Pueblo de Dios, esta Palabra, que es Cristo, es el origen de un Nuevo Pueblo.
· Si la Palabra de Dios se hizo carne, quiere decirse que a Dios, ahora, se le encuentra en los hombres, en todo hombre y también en mí.
· Si la Palabra de Dios se hizo carne, quiere decir que Dios se ha metido de lleno en nuestra historia, para hacerla suya, para que le encontremos en los acontecimientos que vivimos.
· Quiere decir, también, que Dios ha asumido nuestra debilidad para elevarla, ahora es una “carne” divinizada, habitada por el Espíritu.
· Si la Palabra de Dios (la que hizo la creación, la vida) se ha hecho carne, en Cristo comienza una nueva creación, una nueva vida, un nuevo nacimiento: nacemos de lo alto, de Dios: Él es nuestro Padre.

Podríamos seguir añadiendo muchos aspectos.

Y comer su carne significa aceptar, asumir, formar parte de todas estas cosas. Significa, también, que nos transformamos en Cristo, en Cuerpo y Carne suyos. Significa que aceptamos ser, también nosotros, pan que se entrega para que otros se alimenten. Significa que aceptamos la entrega y el sacrificio (=sangre). Significa que estamos en “proceso de Resurrección”, por estar unidos a Él.

¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?, se preguntaban aquellos judíos. Nosotros ya sabemos la respuesta, aunque algunos, seguramente por ignorancia, se atrevan a decir aquello de “para ser cristiano no hace falta la Eucaristía (=ir a Misa)”, porque, al decirlo, se están desmarcando abiertamente de la oferta de Jesús: es el camino para ser uno con Él, para ser discípulo, para ser de los suyos, para tener Vida en nosotros…

Todo esto hay que irlo “masticando” muy despacio, porque “tiene mucha miga”

viernes, 23 de abril de 2010

MEDIDAS FISCALES PARA REHABILITACIÓN DE VIVIENDAS


En el link que a continuación indico, se pueden ver completas las medidas adoptadas por el Gobierno en materia de rehabilitación de viviendas, intentando, por esta vía, poner otro grano más en el granero anticrisis (BOE 13-04-2010).

Román Encabo


http://www.boe.es/boe/dias/2010/04/13/pdfs/BOE-A-2010-5879.pdf


Real Decreto-ley 6/2010, de 9 de abril, de medidas para el impulso de la recuperación económica y el empleo.
ICAPÍTULO I
Medidas en materia de rehabilitación de viviendas
Artículo 1. Nueva deducción en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas por obras de mejora en la vivienda habitual.
Se añade una disposición adicional vigésima novena en la Ley 35/2006, de 28 de noviembre, del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y de modificación parcial de las leyes de los Impuestos sobre Sociedades, sobre la Renta de no Residentes y sobre el Patrimonio, que queda redactada de la siguiente forma:
«Disposición adicional vigésima novena. Deducción por obras de mejora en la vivienda habitual.
Los contribuyentes cuya base imponible sea inferior a 53.007,20 euros anuales, podrán deducirse el 10 por ciento de las cantidades satisfechas desde la entrada en vigor del Real Decreto-ley 6/2010 hasta el 31 de diciembre de 2012 por las obras realizadas durante dicho período en la vivienda habitual o en el edificio en la que ésta se encuentre, siempre que tengan por objeto la mejora de la eficiencia energética, la higiene, salud y protección del medio ambiente, la utilización de energías renovables, la seguridad y la estanqueidad, y en particular la sustitución de las instalaciones de electricidad, agua, gas u otros suministros, o favorezcan la accesibilidad al edificio o las viviendas, en los términos previstos en el Real Decreto 2066/2008, de 12 de diciembre, por el que se regula el Plan Estatal de Vivienda y Rehabilitación 2009-2012, así como por las obras de instalación de infraestructuras de telecomunicación realizadas durante dicho período que permitan el acceso a Internet y a servicios de televisión digital en la vivienda habitual del contribuyente.
No darán derecho a practicar esta deducción las obras que se realicen en plazas de garaje, jardines, parques, piscinas e instalaciones deportivas y otros elementos análogos.
La base de esta deducción estará constituida por las cantidades satisfechas, mediante tarjeta de crédito o débito, transferencia bancaria, cheque nominativo o ingreso en cuentas en entidades de crédito, a las personas o entidades que realicen tales obras. En ningún caso, darán derecho a practicar esta deducción las cantidades satisfechas mediante entregas de dinero de curso legal.
La base máxima anual de esta deducción será de:
a) cuando la base imponible sea igual o inferior a 33.007,20 euros anuales: 4.000 euros anuales,
b) cuando la base imponible esté comprendida entre 33.007,20 y 53.007,20 euros anuales: 4.000 euros menos el resultado de multiplicar por 0,2 la diferencia entre la base imponible y 33.007,20 euros anuales.
Las cantidades satisfechas en el ejercicio no deducidas por exceder de la base máxima anual de deducción podrán deducirse, con el mismo límite, en los cuatro ejercicios siguientes.
A tal efecto, cuando concurran cantidades deducibles en el ejercicio con cantidades deducibles procedentes de ejercicios anteriores que no hayan podido ser objeto de deducción por exceder de la base máxima de deducción, el límite anteriormente indicado será único para el conjunto de tales cantidades, deduciéndose en primer lugar las cantidades correspondientes a años anteriores.
En ningún caso, la base acumulada de la deducción correspondiente a los períodos impositivos en que ésta sea de aplicación podrá exceder de 12.000 euros por vivienda habitual.

domingo, 18 de abril de 2010







El pasado 20 de marzo del año en curso, colgaba en este blog la carta completa del Papa a la Iglesia de Irlanda sobre la pederastia. Me pareció la mejor manera de proclamar cual era la postura de Benedicto XVI sobre el problema.

La carta era clara y explícita y en ella se denunciaba expresamente los abusos que religiosos y sacerdotes habían cometidos con menores. A pesar de la carta y de posteriores intervenciones (la última, hoy, en su viaje a Malta), son bastantes los que siguen atacando al Papa, diciendo que sigue encubriendo la cruel realidad de la pederastia. Y ésto es una absoluta y burda mentira, como se puede comprobar leyendo toda la carta del Papa y, a modo de selección, las palabras que dirigió a los sacerdotes irlandeses y que despejan cualquier duda al respecto:

"Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes".

La Iglesia y el Papa están actuando, ahora, ante este problema, como deberían haberlo hecho siempre. La Iglesia ha reconocido que no siempre lo ha hecho así, pensando que se trataba sólo de un pecado y, en el caso de los pederastas, de unos enfermos. Sí, sería pecado -no hay duda- y eran enfermos -menos duda aún-, pero la Iglesia debió atajar -y no lo hizo, hay que reconocer- el problema radicalmente, teniendo en cuenta en primer lugar y por encima de todo la salud psíquica y espiritual de los menores de los que se había abusado.

Dicho lo anterior, hay que reconocer que este Papa es el que más ha hecho por abordar en toda su crudeza y por solucionar en su misma raíz este dramático problema. Se ha reunido -y lo seguirá haciendo- con las víctimas de tales abusos, les pide perdón y les brinda su apoyo y el de la Iglesia para superar las heridas y los traumas.

No se debe olvidar, no obstante, que ha sido un número ínfimo de religiosos o sacerdotes los que han practicado la pederastia. En comparación con todos los casos que se dan, a nivel global, los que tienen lugar en la Iglesia son un porcentaje reducido. Pero no lo digo ni pienso como excusa; simplemente, para dejar las cosas como son. Cierto que aunque fuese solamente un sólo caso el que se hubiera dado, hubiera sido terrible igualmente. No. Han sido muchos, cientos, y hay que tomar una solución definitiva. Esta solución va por buen camino: Reconocer los hechos, acercarse a las víctimas y ofrecerles toda la ayuda y resarcimiento necesarios y condenar a los culpables, no solamente en el ámbito canónico -intraeclesial-, sino ante la justicia civil, "ante los tribunales debidamente constituidos", como dice el Papa, aunque algunos aún persisten en que el Papa no ha hablado claro.

Pienso sinceramente y no quiero dejar de reflejar que, en el trasfondo de todo lo que se publica, se observa en algunos medios y en ciertos círculos sociales una animadversión hacia el Papa y hacia la Iglesia. No en vano el personaje que más se ha significado en EE.UU. ha sido el mismo que luchó con todas sus fuerzas para que el Vaticano no tuviese el papel de Observador que le concedieron las Naciones Unidas, para su Asamblea General. Luchan en vano. La Iglesia reconoce y reconocerá en la medida en que deba hacerlo el crimen y pecado de algunos de sus miembros -examen de conciencia-; a la Iglesia le duele el alma y se siente responsablemente unida a tanto menor al que miembros indignos suyos destrozaron la vida -dolor de corazón-; la Iglesia está tomando medidas muy serias (¿lo están haciendo otros estamentos o instituciones de la sociedad?) para erradicar la pederastia -propósito de enmienda-; la Iglesia reconoce públicamente el pecado que miembros significativos suyos han cometido -confesión oral-; y, también, la Iglesia está dispuesta a satisfacer -satisfacción de obrar- y resarcir en la medida de lo posible los daños causados. Digo, en la medida de lo posible, porque el mal moral y humano causado a aquellos niños que hoy son hombres o mujeres frustrados es de muy difícil, sino imposible, resarcimiento.

Teniendo en cuenta las premisas expuestas en el párrafo anterior, de este terrible pecado y de este horrendo crimen, la Iglesia, no obstante, saldrá fortalecida. Sí, saldrá fortalecida en la humildad, sintiéndose santa pero a la vez pecadora -"sancta méretrix", que decían los Padres-, sabiendo que la santidad -la misericordia, el perdón y la redención- que ofrece al mundo de parte de Jesucrito lo transporta en unas débiles vasijas de barro, que, en algunas ocasiones, son de peor y más baja condición que este humilde elemento.

La Iglesia, a pesar de todo, seguirá siendo faro y luz para todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Y aquellos que subliminalmente quieren ir introduciendo el relativismo radical más absoluto y feroz, nunca conocido, se retorcerán de rabia al ver cómo la Iglesia es capaz de revertir esta situación de pecado y crimen en una alborada de respeto, fraternidad y cercanía que sirvan de referencia a los que luchan por lo Absoluto, a los que buscan a Dios. Sí; a pesar de todo, la Iglesia seguirá gritando que Dios es la meta del hombre, la plenitud del ser humano. Manque les pese a algunos.

Estando así las cosas, sólo resta que todos aquellos que amamos a la Iglesia y a los que nos duelen profundísimamente los crímenes y atropellos cometidos por algunos miembros pederastas, nos pongamos humildemente en oración pidiendo a Dios, Padre bueno y justo, que ayude en primer lugar a las víctimas, que cure sus heridas; pidiendo por el Papa, para que con mente clara y lúcida y voluntad decidida y tome todas las medidas que sean necesarias para erradicar de la Iglesia este vergonzoso crimen; por toda la sociedad, para que el respeto al hombre, sobre todo al débil e indefenso, primordialmente a los niños y jóvenes, sea la luz que rija a toda la familia humana y el faro que oriente las decisiones de nuestros gobernantes.

martes, 6 de abril de 2010

OFERTA PÚBLICA DE EMPLEO PARA 2010


En el BOE del día 1-04-2010 aparece la Oferta Pública de Empleo para el año 2010.
Pinchando en la esta página web se accede al texto del Real Decreto.

http://www.boe.es/boe/dias/2010/04/01/pdfs/BOE-A-2010-5299.pdf

5299
Real Decreto 406/2010, de 31 de marzo, por el que se aprueba la oferta de empleo público para el año 2010.

sábado, 3 de abril de 2010

EL SALUDO PASCUAL DEL SEÑOR: "LA PAZ SEA CON VOSOTROS"


EL SALUDO PASCUAL DEL SEÑOR:”La Paz sea con vosotros”
(Resumen extractado del artículo de Diethild Eickhoff, "El saludo pascual del Señor", Ed. Guadarrama, S.L. Madrid 1962)

“La Paz sea con vosotros” fue el salud pascual de Cristo resucitado. ¿Qué significó este saludo a aquellos discípulos asustados que estando confusos y aturdidos ante el espectáculo terrible del calvario y miedosos de los judíos se encerraban tras las puertas cerradas? Más aún, ¿Qué nos dice hoy a los hombres del siglo XXI?.

Era un viejo saludo, pero, que en la boca del Resucitado, del que en la cruz, por la muerte entró en la vida adquiría, sin duda un nuevo contenido, un renovado significado: Lo que antes era un simple deseo, está ahora ya cumplido y cargado de santa realidad.

En la antigua alianza, este saludo es todavía deseo que aguarda cumplimiento, pero no sin esperanza. Yavé, en efecto, dador de todo bien y toda riqueza había dicho por boca del profeta: “Yo soy el que concede la promesa: Paz, paz, al que está lejos y al que está cerca; yo le curaré(Isaías, 57,19). Hará un pacto de paz con su pueblo, “será una alianza eterna” (Ezequiel, 37,26; Jeremías 32,40). ¿Se trata, solamente, de una paz terrena? Así podría deducirse al leer las bendiciones del libro del Levítico (26,6) y del profeta Ezequiel (34,25 ss). Pero, no hemos de olvidar que el don de Yavé es, eminentemente, un don de salud.

A medida que nos adentramos en el lenguaje del Antiguo Testamento, se nos revela con mayor claridad hasta qué punto esas imágenes se encuentran montadas sobre el fondo de los futuros tiempos mesiánicos, por lo que no pretenden ser entendidos a la letra, sino como promesa de una realidad más profunda.

La visión de los Profetas veterotestamentarios dirige nuestra mirada hacia la salud escatológica, de suerte que la paz se nos revela cada vez más como el compendio y símbolo de las bendiciones de la era mesiánica. “Príncipe de la paz” es el nombre del futuro Mesías-niño (Isaías 9,5). “El anuncia la paz a las naciones” (Zacarías 9,10 e Isaías 2,2 ss.).

Este Mesías prometido, este portador de paz se manifestó como realidad en Cristo. El sacrificio de su muerte derribó el muro que se interponía entre Dios y su creación. Sobre el altar de la cruz brilla el arco iris de la paz. Por eso, en la tarde del día de Pascua, Cristo resucitado muestra a sus discípulos las manos taladradas y el costado abierto. ¡Preciosos trofeos de victoria! Ellos son la prenda de la nueva paz. “La Paz sea con vosotros”.

En Cristo resucitado, hoy, este saludo ya no es un simple deseo, sino un don. Ahora, después que en la Pascua de Cristo se ha rasgado el velo de la carne, podemos ver con toda claridad la realidad de la promesa: la Paz del Señor es su Pneuma, su vida divina, El mismo en cuanto exaltado a Señor (Kyrios) y convertido ya, incluso por lo que se refiere a su naturaleza humana, en Pneuma.

En este saludo de Paz de la Pascua, esa fuerza divina se derrama sobre los Apóstoles. No sin profundo sentido narra el Evangelista: “Habiendo Jesús dicho esto (es decir, “la Paz sea con vosotros”), sopló sobre ellos y dijo: Recibid el Pneuma, el Espíritu Santo(Juan 20,22). Palabra y aliento, Logos y Pneuma, son, según la tradición de la Escritura, los instrumentos generadores y vivificantes de Dios.

La Paz es, pues, esencialmente, el mismo Señor glorificado, porque en su persona Dios y el hombre han llegado a la más perfecta unidad que se puede concebir. “Por El tenemos abierta la entrada al Padre en un mismo Espíritu” (Efesios, 2,18).

La Paz es todo ese cúmulo de dones y bendiciones que Dios derrama en nosotros, por Jesucristo, con la fuerza del Espíritu Santo.

La Paz es, en definitiva, la Salvación.

Por eso descubrimos ahora como la despedida final de la Misa, “Podéis ir en paz”, no es una invitación a la tranquilidad, sino más bien una invitación a ser portadores de la Paz que hemos recibido, del Cristo resucitado que hemos celebrado y con el que seguimos íntimamente unidos por medio de su Espíritu, por medio de la Paz.

Reflexión sobre la VIGILIA PASCUAL



La razón de esta vigilia no es cuestión cronométrica de acontecimientos que queremos celebrar (la hora de la Resurrección; no se trata tampoco de una "Misa de media noche"). La vigilia es una celebración sagrada que abarca toda la noche. Comenzaba al apagarse las luces del día -por esto comienza con un lucernario) y terminaba en los albores de la mañana siguiente.

La significación es preciso buscarla en sus orígenes. No es cuestión de horario, como hemos dicho, puesto que la vigilia que tiene lugar en la Noche Pascual se hacía antes de las primitivas comunidades cristianas.

Si esa noche de Pascua es una vigilia, no se duerme, es porque, ante todo, es la Noche del Éxodo; la noche en que los israelitas quedaron libres del yugo de Egipto y entraron en la libertad de los hijos de Dios; la noche en la que el mismo Dios "pasó" por medio de ellos, para darles la libertad, arrastrando a la muerte a los tiranos.

El nombre, "Pascua", tiene su origen, pues, en este "tránsito", en este "paso" del Señor. Pero, ¿por qué Israel celebraba, año tras año, esta vigilia nocturna? Era, sencillamente, porque el éxodo de antaño les obligaba a mantener fija su esperanza en otro éxodo. El que Dios hubiera "pasado" interesaba porque era la promesa de otro nuevo "paso", en el que se manifestaría con "mano fuerte y brazo extendido".

Algo parecido nos sucede a los cristianos. Cristo ya ha "pasado" de este mundo al Padre, pero nosotros seguimos esperando, seguimos haciendo vigilia, porque aún esperamos su último y definitivo paso. Hemos perdido los cristianos aquel sentimiento de confianza en la vuelta inminente del Señor. Sin embargo, Cristo ha de volver. Y no solamente al final de los tiempos, sino que tiene sentido que sigamos haciendo la Vigilia, porque hemos de estar preparados para la venida de Cristo a nuestras almas: Es una venida sacramental, bajo los signos, pero que es, a su vez, el signo o prenda (pignus gloriae) en el que nuestra fe busca apoyo para nuestra esperanza.

¡Cristo ha resucitado y Cristo va a venir a nosotros! Cuando salgamos esta noche de la celebración de la Vigilia, tenemos que ser testigos de esta Resurrección. El mundo tenía que notar en los cristianos algo diferente al término de la celebración del Misterio Pascual de Cristo. Tenemos que morir -viernes santos- a ese hombre viejo que hay en nosotros y aparecer alegres y serviciales a los demás, porque nuestro SEÑOR HA RESUCITADO. Los primeros cristianos se saludaban, en el día de Resurrección, gritando de alegría: "Aleluya, Cristo ha resucitado".

Tras la celebración del Misterio Pascual hemos de estar alegres, porque ese Paso que se ha cumplido en el Señor Jesús, se va a realizar también en nosotros. Porque con su Resurrección Crsito ha preparado para nosotros un manjar que será nuestro alimento durante este desierto de la vida; porque Cristo resucitado será para nosotros esa Luz que iluminará todas las tinieblas de nuestras vidas.

Participemos, pues, en esta Vigilia Pascual llenos de emoción y alegría, porque tenemos y vivimos la gran Noticia:

¡Cristo ha Resucitado!: ¡ALELUYA!

viernes, 2 de abril de 2010

VIERNES SANTO: JESÚS MUERE EN LA CRUZ




J. MOLTMANN CONCILIUM 1972 JUNIO nº 76.

Para comprender la historia de la muerte de Jesús abandonado por Dios como un acontecer que tiene lugar entre su Padre y él como Hijo es preciso hablar en esquemas trinitarios, dejando a un lado, en este primer momento, el concepto general de Dios. En Gál 2,20 aparece la fórmula parédoken con Cristo como sujeto («... el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí»). Según esto, no sólo el Padre entrega al Hijo, sino que el Hijo se entrega también a sí mismo. Lo cual hace referencia a una comunión de voluntades entre Jesús y su Padre en el momento de su separación total por el desamparo de Dios en la cruz. Ya Pablo había interpretado como amor el acontecimiento del desamparo de Cristo por Dios. Lo cual reaparece en la teología de san Juan (3,16). Y la primera carta de Juan ve centrada, en este acontecimiento del amor en la cruz, la existencia de Dios mismo: «Dios es amor» (4,16). Por eso, en la terminología posterior, se puede hablar, en relación con la cruz, de una homousía o consustancialidad del Padre con el Hijo, y viceversa. En la cruz, Jesús y su Dios y Padre se hallan distanciados al máximo por el abandono y al mismo tiempo se hallan en la más estrecha unión por la entrega. Pues del acontecimiento de la cruz entre el Padre que abandona y el Hijo abandonado procede la entrega misma, es decir, el Espíritu.

Si se quiere interpretar el acontecimiento de la crucifixión de Jesús en el marco de la doctrina de las dos naturalezas, dispondríamos solamente del concepto del Dios único y de la naturaleza divina, y desembocaríamos en graves paradojas. En la cruz clamaría entonces Dios a Dios. En consecuencia, en este y sólo en este momento «Dios habría muerto» y, al mismo tiempo, no habría «muerto». Además, si contamos únicamente con el concepto de Dios, siempre estamos inclinados a adscribirlo al Padre, refiriendo entonces la muerte a la personalidad humana de Jesús, con lo que la cruz es «vaciada» de la divinidad. Pero si, en este primer momento, prescindimos ya de dicho concepto de Dios, tendremos que hablar de personas en el marco mismo de las circunstancias peculiares de este acontecimiento concreto. El Padre es el que abandona y entrega. El Hijo es el abandonado, entregado por el Padre y también por sí mismo. De esta realidad histórica procede el Espíritu del amor y de la entrega, que conforta a los hombres desamparados.

Nosotros interpretamos así la muerte de Cristo no como un acontecimiento entre Dios y el hombre, sino principalmente con un acontecer intratrinitario entre Jesús y su Padre, del cual procede el Espíritu.

Con esta postura,
1) ya no es posible una comprensión no teísta de ]a historia de Cristo:

2) es superada la antigua dicotomía entre la naturaleza común de Dios y su Trinidad intrínseca, y

3) resulta superflua la distinción entre Trinidad inmanente y económica. Así, se hace preciso un lenguaje trinitario para llegar a la plena comprensión de la cruz de Cristo y se sitúa en su verdadera dimensión la doctrina tradicional sobre la Trinidad.

La Trinidad ya no es entonces una especulación sobre los misterios de un Dios «sobre nosotros», al que es preferible adorar en silencio a investigar vitalmente, sino que en definitiva constituye la expresión más concisa de la historia de la pasión de Cristo.

Este lenguaje trinitario preserva a la fe tanto del monoteísmo como del ateísmo, manteniéndola adherida al Crucificado y mostrando la cruz como inserta en el ser mismo de Dios y el ser de Dios en la cruz. El principio material de la doctrina trinitaria es la cruz. El principio formal de la teología de la cruz es la doctrina de la Trinidad. La unidad de la historia del Padre, del Hijo y del Espíritu puede luego, en un segundo término, ser denominada «Dios». Con la palabra «Dios» se quiere expresar entonces este acontecer entre Jesús y el Padre y el Espíritu, es decir, esta historia determinada. Ella es la historia de Dios a partir de la cual sobre todo se revela quién y qué es Dios.

Aquel que quiera hablar cristianamente de Dios deberá «contar» y predicar la historia de Cristo como historia de Dios, es decir, como la historia entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, a partir de la cual se establece quién es Dios, y ello no solamente para el hombre, sino también en el seno de su propia existencia. Esto significa, por otra parte, que el ser de Dios es histórico y existe en esta historia concreta. La «historia de Dios» es así la historia de la historia del hombre.

jueves, 1 de abril de 2010

JUEVES SANTO:INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA, DEL SACERDOCIO Y DEL MANDATO NUEVO






Juan 13: 1 - 15
1
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
2
Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle,
3
sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía,
4
se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó.
5
Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.
6
Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?»
7
Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.»
8
Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.»
9
Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.»
10
Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
11
Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos.»
12
Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?
13
Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy.
14
Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
15
Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.

sábado, 27 de marzo de 2010




































VÍA CRUCIS
PENITENCIAL
-POPULAR-


Primera Estación
JESÚS CONDENADO A MUERTE




Adorámoste Cristo, bendecímoste,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo
(Se repite en todas)







Acompaña a tu Dios, alma mia,
Cual vil asesino llevado ante el Juez;
Y al autor de la vida contempla
Por ti condenado a muerte cruel
Dulce Redentor,
Para mí era la pena de muerte.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón
Madre afligida
De pena hondo mar,
Logradnos la gracia
De nunca pecar
Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri

Segunda Estación
JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS




Con la cruz de tus culpas cargado,
Exhausto de fuerzas, camina tu Dios.
Y a subir la pendiente le impelen
Por fuera sayones, por dentro tu amor.
Dulce Redentor,
Mis pecados tus hombros oprimen.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón

Tercera Estación
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ




Con sus alas de nieve los ángeles
Pasmados de espanto, cubrieron tu faz,
bajo el tosco y pesado madero,
en tierra caído, su Dios al mirar.
Dulce Redentor.
Por mis yerros caíste en tierra.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón


Cuarta Estación
JESÚS ENCUENTRA A SU SANTÍSIMA MADRE



Del calvario subiendo a la cumbre,
El Reo Divino a su Madre encontró,
Y una espada de filos agudos
Del Hijo y la Madre hirió el corazón.
Dulce Redentor,
Yo esa herida causé a vuestra Madre.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.


Quinta Estación
EL CIRINEO LE AYUDA A LLEVAR LA CRUZ



Porque al monte con vida llegase,
Los duros escribas, con saña infernal,
A Simon Cirineo alquilaron
Que a Cristo ayudase la cruz a llevar.
Dulce Redentor,
Yo también quiero ser Cirineo.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.


Sexta Estación
LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS




Con ternura y piedad la Verónica
El rostro sangriento de Cristo enjugó,
Y en tres pliegues de lienzo, por premio,
Grabada la imagen llevó del Señor.
Dulce Redentor,
En mi pecho grabad vuestra imagen.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.



Séptima Estación
CAE JESÚS POR SEGUNDA VEZ



Otra vez el Señor de los cielos
Volvió fatigado el polvo a besar;
Otra vez los esbirros crueles
En El desfogaron su ira y crueldad.
Dulce Redentor,
Nunca más caeré ya en pecado.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.

Octava Estación
HABLA JESÚS A LAS HIJAS DE JERUSALÉN



Vió Jesús que unas cuantas mujeres,
Movidas a lástima, lloraban por El,
Y les dijo: “Llorad por vosotras,
Piadosas mujeres, por mi no lloréis”.
Dulce Redentor,
Vuestras penas taladran mi pecho.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.

Novena Estación
JESÚS CAÍDO EN TIERRA POR 3ª VEZ



Con sus duras caídas, cristiano,
Las tuyas pretende Jesús resarcir.
A tu Dios por tercera vez mira
De polvo y de sangre cubierto por ti.
Dulce Redentor,
Vuestro amor del infierno me libre.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.


Décima Estación
DESPOJAN A JESÚS DE SUS VESTIDURAS



Con furor los vestidos quitaron
Del monte en la cumbre al paciente Jesús.
Y por no iluminar tanta afrenta,
Las puras estrellas negaron su luz.
Dulce Redentor,
Ya no más liviandad ni impureza.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.


Undécima Estación
JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ



Ya alma mía en la cruz, duro lecho,
Tus miembros sagrados extiende tu Bien;
Y con clavos agudos taladra
Los viles soldados sus manos y pies.
Dulce Redentor,
Yo esos clavos clavé en vuestros miembros.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.

Duodécima Estación
AQUÍ MURIÓ EL SALVADOR



Tiembla el orbe y el sol se oscurece,
Al ver en un palo expirar a su Dios.
Rompe en llanto también tu, alma mía,
Pensando que muere Jesús por tu amor.
Dulce Redentor,
Mis pecados os dieron la muerte.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón

Décimo tercera Estación
JESÚS MUERTO EN BRAZOS DE SU MADRE

De Jesús el cadáver sagrado,
María en sus brazos llorando tomó;
Y con voz de dolor le decía:
¿Quién muerte te ha dado mi Bien
Y mi amor?
Dulce Redentor,
Respondedle que aquí está el culpable.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón.

Décimo cuarta Estación
JESÚS MUERTO EN ELSEPULCRO

En un frío y profundo sepulcro
Los restos sagrados guardáronse ya.
Triste Madre, cuán sola te quedas:
Seré yo el consuelo de tu soledad.
Dulce Redentor,
Yo a la Madre privé de su Hijo.
Ya lloro mis culpas y os pido perdón

domingo, 21 de marzo de 2010

V DOMINGO DE CUARESMA: LECTURAS


21/03/2010, Domingo de la 5ª semana de Cuaresma.

PRIMERA LECTURA: Del libro de Isaías, 43, 16-21
Mirad que realizo algo nuevo y apagaré la sed de mi pueblo

Así dice el Señor, que abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, tropa con sus valientes; caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue. «No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo. Me glorificarán las bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza.»
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 R.


El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares.

R. Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

R. Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

R. Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.


SEGUNDA LECTURA: De la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3, 8-14

Por Cristo lo perdí todo, muriendo su misma muerte.


Hermanos: Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos. No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para Mi. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.


EVANGELIO: Según san Juan 8-1-11

El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.


En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: - «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: - «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: - «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: - «Ninguno, Señor.» Jesús dijo: - «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»
Palabra del Señor.

sábado, 20 de marzo de 2010

CARTA DEL PAPA A IGLESIA DE IRLANDA (PEDERASTIA)


CARTA PASTORAL DEL PAPA A LOS CATOLICOS DE IRLANDA

CIUDAD DEL VATICANO, 20 MAR 2010 (VIS).-Ofrecemos a continuación una traducción del texto original en inglés de la Carta pastoral de Benedicto XVI a los católicos de Irlanda, que se ha hecho pública esta mañana:

1. Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia en Irlanda, os escribo con gran preocupación como Pastor de la Iglesia universal. Al igual que vosotros estoy profundamente consternado por las noticias concernientes al abuso de niños y jóvenes indefensos por parte de miembros de la Iglesia en Irlanda, especialmente sacerdotes y religiosos. Comparto la desazón y el sentimiento de traición que muchos de vosotros experimentaron al enterarse de esos actos pecaminosos y criminales y del modo en que fueron afrontados por las autoridades de la Iglesia en Irlanda.

Como sabéis, invité hace poco a los obispos de Irlanda a una reunión en Roma para que informasen sobre cómo abordaron esas cuestiones en el pasado e indicasen los pasos que habían dado para hacer frente a una situación tan grave. Junto con algunos altos prelados de la Curia Romana escuché lo que tenían que decir, tanto individualmente como en grupo, sea sobre el análisis de los errores cometidos y las lecciones aprendidas, que sobre la descripción de los programas y procedimientos actualmente en curso. Nuestras discusiones fueron francas y constructivas. Estoy seguro de que, como resultado, los obispos están ahora en una posición más fuerte para continuar la tarea de reparar las injusticias del pasado y de abordar cuestiones más amplias relacionadas con el abuso de los niños de manera conforme con las exigencias de la justicia y las enseñanzas del Evangelio.

2. Por mi parte, teniendo en cuenta la gravedad de estos delitos y la respuesta a menudo inadecuada que han recibido por parte de las autoridades eclesiásticas de vuestro país, he decidido escribir esta carta pastoral para expresaros mi cercanía, y proponeros un camino de curación, renovación y reparación.

Es verdad, como han observado muchas personas en vuestro país, que el problema de abuso de menores no es específico de Irlanda o de la Iglesia. Sin embargo, la tarea que tenéis ahora por delante es la de hacer frente al problema de los abusos ocurridos dentro de la comunidad católica de Irlanda y de hacerlo con coraje y determinación. Que nadie se imagine que esta dolorosa situación se resuelva pronto. Se han dado pasos positivos pero todavía queda mucho por hacer. Necesitamos perseverancia y oración, con gran fe en la fuerza salvadora de la gracia de Dios.
Al mismo tiempo, debo también expresar mi convicción de que para recuperarse de esta dolorosa herida, la Iglesia en Irlanda, debe reconocer en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidos contra niños indefensos. Ese reconocimiento, junto con un sincero pesar por el daño causado a las víctimas y sus familias, debe desembocar en un esfuerzo conjunto para garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos.

Mientras os enfrentáis a los retos de este momento, os pido que recordéis la "roca de la que fuisteis tallados" (Isaías 51, 1). Reflexionad sobre la generosa y a menudo heroica contribución ofrecida a la Iglesia y a la humanidad por generaciones de hombres y mujeres irlandeses, y haced que de esa reflexión brote el impulso para un honesto examen de conciencia personal y para un sólido programa de renovación de la Iglesia y el individuo. Rezo para que, asistida por la intercesión de sus numerosos santos y purificada por la penitencia, la Iglesia en Irlanda supere esta crisis y vuelve a ser una vez más testimonio convincente de la verdad y la bondad de Dios Todopoderoso, que se manifiesta en su Hijo Jesucristo.

3. A lo largo de la historia, los católicos irlandeses han demostrado ser, tanto en su patria como fuera de ella, una fuerza motriz del bien. Monjes celtas como San Columba difundieron el evangelio en Europa occidental y sentaron las bases de la cultura monástica medieval. Los ideales de santidad, caridad y sabiduría trascendente, nacidos de la fe cristiana, quedaron plasmados en la construcción de iglesias y monasterios y en la creación de escuelas, bibliotecas y hospitales, que contribuyeron a consolidar la identidad espiritual de Europa. Aquellos misioneros irlandeses debían su fuerza y su inspiración a la firmeza de su fe, al fuerte liderazgo y a la rectitud moral de la Iglesia en su tierra natal.

A partir del siglo XVI, los católicos en Irlanda atravesaron por un largo período de persecución, durante el cual lucharon por mantener viva la llama de la fe en circunstancias difíciles y peligrosas. San Oliver Plunkett, mártir y arzobispo de Armagh, es el ejemplo más famoso de una multitud de valerosos hijos e hijas de Irlanda dispuestos a dar su vida por la fidelidad al Evangelio. Después de la Emancipación Católica, la Iglesia fue libre de nuevo para volver a crecer. Las familias y un sinfín de personas que habían conservado la fe en el momento de la prueba se convirtieron en la chispa de un gran renacimiento del catolicismo irlandés en el siglo XIX. La iglesia escolarizaba, especialmente a los pobres, lo que supuso una importante contribución a la sociedad irlandesa. Entre los frutos de las nuevas escuelas católicas se cuenta el aumento de las vocaciones: generaciones de sacerdotes misioneros, hermanas y hermanos, dejaron su patria para servir en todos los continentes, sobre todo en mundo de habla inglesa. Eran excepcionales, no sólo por la vastedad de su número, sino también por la fuerza de la fe y la solidez de su compromiso pastoral. Muchas diócesis, especialmente en África, América y Australia, se han beneficiado de la presencia de clérigos y religiosos irlandeses, que predicaron el Evangelio y fundaron parroquias, escuelas y universidades, clínicas y hospitales, abiertas tanto a los católicos, como al resto de la sociedad, prestando una atención particular a las necesidades de los pobres.

En casi todas las familias irlandesas, ha habido siempre alguien - un hijo o una hija, una tía o un tío - que dieron sus vidas a la Iglesia. Con razón, las familias irlandesas tienen un gran respeto y afecto por sus seres queridos que dedicaron la vida a Cristo, compartiendo el don de la fe con los demás y traduciéndola en acciones sirviendo con amor a Dios y al prójimo.

4. En las últimas décadas, sin embargo, la Iglesia en vuestro país ha tenido que enfrentarse a nuevos y graves retos para la fe debidos a la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa. El cambio social ha sido muy veloz y a menudo ha repercutido adversamente en la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos. Asimismo, las prácticas sacramentales y devotas que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales se dejaron, con frecuencia, de lado.

También fue significativa en este período la tendencia, incluso por parte de los sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio. El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II fue a veces mal entendido y, además, a la luz de los profundos cambios sociales que estaban teniendo lugar, no era nada fácil discernir la mejor manera de realizarlo. En particular, hubo una tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este contexto general debemos tratar de entender el inquietante problema de abuso sexual de niños, que ha contribuido no poco al debilitamiento de la fe y la pérdida de respeto por la Iglesia y sus enseñanzas.

Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que han dado lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de las causas y encontrar las soluciones eficaces. Ciertamente, entre los factores que han contribuido a ella, podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y de la salvaguardia de la dignidad de cada persona. Es necesaria una acción urgente para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución.

5. En varias ocasiones, desde mi elección a la Sede de Pedro, me he encontrado con víctimas de abusos sexuales y estoy dispuesto a seguir haciéndolo en futuro. He hablado con ellos, he escuchado sus historias, he constatado su sufrimiento, he rezado con ellos y por ellos. Anteriormente en mi pontificado, preocupado por abordar esta cuestión, pedí a los obispos de Irlanda, durante la visita ad limina de 2006 que "establecieran la verdad de lo ocurrido en el pasado y tomasen todas las medidas necesarias para evitar que sucediera de nuevo, para asegurar que los principios de justicia sean plenamente respetados y, sobre todo, para curar a las víctimas y a todos los afectados por estos crímenes atroces " (Discurso a los obispos de Irlanda, el 28 de octubre de 2006).

Con esta carta, quiero exhortaros a todos vosotros, como pueblo de Dios en Irlanda, a reflexionar sobre las heridas infligidas al cuerpo de Cristo, los remedios necesarios y a veces dolorosos, para vendarlas y curarlas , y la necesidad de la unidad, la caridad y la ayuda mutua en el largo proceso de recuperación y renovación eclesial. Me dirijo ahora a vosotros con palabras que me salen del corazón, y quiero hablar a cada uno de vosotros y a todos vosotros como hermanos y hermanas en el Señor.

6. A las víctimas de abusos y a sus familias

Habéis sufrido inmensamente y me apesadumbra tanto. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad. Muchos de vosotros han experimentado que cuando tuvieron el valor suficiente para hablar de lo que les había pasado, nadie quería escucharlos. Aquellos que sufrieron abusos en los internados deben haber sentido que no había manera de escapar de su dolor. Es comprensible que os sea difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre, expreso abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos. Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza. En la comunión con la Iglesia es donde nos encontramos con la persona de Jesucristo, que fue Él mismo una víctima de la injusticia y el pecado. Como vosotros aún lleva las heridas de su sufrimiento injusto. Él entiende la profundidad de vuestro dolor y la persistencia de su efecto en vuestras vidas y vuestras relaciones con los demás, incluyendo vuestra relación con la Iglesia.

Sé que a algunos de vosotros les resulta difícil incluso entrar en una iglesia después de lo que ha sucedido. Sin embargo, las heridas de Cristo, transformadas por su sufrimiento redentor, son los instrumentos que han roto el poder del mal y nos hacen renacer a la vida y la esperanza. Creo firmemente en el poder curativo de su amor sacrificial - incluso en las situaciones más oscuras y desesperadas - que libera y trae la promesa de un nuevo comienzo.

Al dirigirme a vosotros como un pastor, preocupado por el bienestar de todos los hijos de Dios, os pido humildemente que reflexionéis sobre lo que he dicho. Ruego que, acercándoos a Cristo y participando en la vida de su Iglesia - una Iglesia purificada por la penitencia y renovada en la caridad pastoral - podáis descubrir de nuevo el amor infinito de Cristo por cada uno de vosotros. Estoy seguro de que de esta manera seréis capaces de encontrar reconciliación, profunda curación interior y paz.

7. A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños

Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes. Aquellos de vosotros que son sacerdotes han violado la santidad del sacramento del Orden, en el que Cristo mismo se hace presente en nosotros y en nuestras acciones. Junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa.

Os exhorto a examinar vuestra conciencia, a asumir la responsabilidad de los pecados que habéis cometido y a expresar con humildad vuestro pesar. El arrepentimiento sincero abre la puerta al perdón de Dios y a la gracia de la verdadera enmienda.

Debéis tratar de expiar personalmente vuestras acciones ofreciendo oraciones y penitencias por aquellos que habéis ofendido. El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y extraer el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios.

8. A los padres

Os habéis sentido profundamente indignados y conmocionados al conocer los hechos terribles que sucedían en lo que debía haber sido el entorno más seguro para todos. En el mundo de hoy no es fácil construir un hogar y educar a los hijos. Se merecen crecer con seguridad, cariño y amor, con un fuerte sentido de su identidad y su valor. Tienen derecho a ser educados en los auténticos valores morales enraizados en la dignidad de la persona humana, a inspirarse en la verdad de nuestra fe católica y a aprender los patrones de comportamiento y acción que lleven a la sana autoestima y la felicidad duradera. Esta tarea noble pero exigente está confiada en primer lugar a vosotros, padres. Os invito a desempeñar vuestro papel para garantizar a los niños los mejores cuidados posibles, tanto en el hogar como en la sociedad en general, mientras la Iglesia, por su parte, sigue aplicando las medidas adoptadas en los últimos años para proteger a los jóvenes en los ambientes parroquiales y escolares. Os aseguro que estoy cerca de vosotros y os ofrezco el apoyo de mis oraciones mientras cumplís vuestras grandes responsabilidades

9. A los niños y jóvenes de Irlanda

Quiero dirigiros una palabra especial de aliento. Vuestra experiencia de la Iglesia es muy diferente de la de vuestros padres y abuelos. El mundo ha cambiado desde que ellos tenían vuestra edad. Sin embargo, todas las personas, en cada generación están llamadas a recorrer el mismo camino durante la vida, cualesquiera que sean las circunstancias. Todos estamos escandalizados por los pecados y errores de algunos miembros de la Iglesia, en particular de los que fueron elegidos especialmente para guiar y servir a los jóvenes. Pero es en la Iglesia donde encontraréis a Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8). Él os ama y se entregó por vosotros en la cruz. ¡Buscad una relación personal con Él dentro de la comunión de su Iglesia, porque él nunca traicionará vuestra confianza! Sólo Él puede satisfacer vuestros anhelos más profundos y dar pleno sentido a vuestras vidas, orientándolas al servicio de los demás. Mantened vuestra mirada fija en Jesús y su bondad y proteged la llama de la fe en vuestros corazones. Espero en vosotros para que, junto con vuestros hermanos católicos en Irlanda, seáis fieles discípulos de nuestro Señor y aportéis el entusiasmo y el idealismo tan necesarios para la reconstrucción y la renovación de nuestra amada Iglesia.

10. A los sacerdotes y religiosos de Irlanda

Todos nosotros estamos sufriendo las consecuencias de los pecados de nuestros hermanos que han traicionado una obligación sagrada o no han afrontado de forma justa y responsable las denuncias de abusos. A la luz del escándalo y la indignación que estos hechos han causado, no sólo entre los fieles laicos, sino también entre vosotros y vuestras comunidades religiosas, muchos os sentís desanimados e incluso abandonados. Soy también consciente de que a los ojos de algunos aparecéis tachados de culpables por asociación, y de que os consideran como si fuerais de alguna forma responsable de los delitos de los demás. En este tiempo de sufrimiento, quiero dar acto de vuestra dedicación cómo sacerdotes y religiosos y de vuestro apostolado, y os invito a reafirmar vuestra fe en Cristo, vuestro amor por su Iglesia y vuestra confianza en las promesas evangélicas de la redención, el perdón y la renovación interior. De esta manera, podréis demostrar a todos que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (cf. Rm 5, 20).

Sé que muchos estáis decepcionados, desconcertados y encolerizados por la manera en que algunos de vuestros superiores abordaron esas cuestiones. Sin embargo, es esencial que cooperéis estrechamente con los que ostentan la autoridad y colaboréis en garantizar que las medidas adoptadas para responder a la crisis sean verdaderamente evangélicas, justas y eficaces. Por encima de todo, os pido que seáis cada vez más claramente hombres y mujeres de oración, que siguen con valentía el camino de la conversión, la purificación y la reconciliación. De esta manera, la Iglesia en Irlanda cobrará nueva vida y vitalidad gracias a vuestro testimonio del poder redentor de Dios que se hace visible en vuestras vidas.

11. A mis hermanos, los obispos

No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones. Reconozco que era muy difícil comprender la magnitud y la complejidad del problema, obtener información fiable y tomar decisiones adecuadas en función de los pareceres contradictorios de los expertos. No obstante, hay que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de dirección. Todo esto ha socavado gravemente vuestra credibilidad y eficacia. Aprecio los esfuerzos llevados a cabo para remediar los errores del pasado y para garantizar que no vuelvan a ocurrir. Además de aplicar plenamente las normas del derecho canónico concernientes a los casos de abusos de niños, seguid cooperando con las autoridades civiles en el ámbito de su competencia. Está claro que los superiores religiosos deben hacer lo mismo. También ellos participaron en las recientes reuniones en Roma con el propósito de establecer un enfoque claro y coherente de estas cuestiones. Es imperativo que las normas de la Iglesia en Irlanda para la salvaguardia de los niños sean constantemente revisadas y actualizadas y que se apliquen plena e imparcialmente, en conformidad con el derecho canónico.

Sólo una acción decisiva llevada a cabo con total honestidad y transparencia restablecerá el respeto y el afecto del pueblo irlandés por la Iglesia a la que hemos consagrado nuestras vidas. Hay que empezar, en primer lugar, por vuestro examen de conciencia personal, la purificación interna y la renovación espiritual. El pueblo de Irlanda, con razón, espera que seáis hombres de Dios, que seáis santos, que viváis con sencillez, y busquéis día tras día la conversión personal. Para ellos, en palabras de San Agustín, sois un obispo, y sin embargo, con ellos estáis llamados a ser un discípulo de Cristo (cf. Sermón 340, 1). Os exhorto a renovar vuestro sentido de responsabilidad ante Dios, para crecer en solidaridad con vuestro pueblo y profundizar vuestra atención pastoral con todos los miembros de vuestro rebaño. En particular, preocupaos por la vida espiritual y moral de cada uno de vuestros sacerdotes. Servidles de ejemplo con vuestra propia vida, estad cerca de ellos, escuchad sus preocupaciones, ofrecedles aliento en este momento de dificultad y alimentad la llama de su amor por Cristo y su compromiso al servicio de sus hermanos y hermanas.

Asimismo, hay que alentar a los laicos a que desempeñen el papel que les corresponde en la vida de la Iglesia. Aseguraos de su formación para que puedan, articulada y convincentemente, dar razón del Evangelio en medio de la sociedad moderna (cf. 1 Pet 3, 15), y cooperen más plenamente en la vida y misión de la Iglesia. Esto, a su vez, os ayudará a volver a ser guías y testigos creíbles de la verdad redentora de Cristo.

12. A todos los fieles de Irlanda

La experiencia de un joven en la Iglesia debería siempre fructificar en su encuentro personal y vivificador con Jesucristo, dentro de una comunidad que lo ama y lo sustenta. En este entorno, habría que animar a los jóvenes a alcanzar su plena estatura humana y espiritual, a aspirar a los altos ideales de santidad, caridad y verdad y a inspirarse en la riqueza de una gran tradición religiosa y cultural. En nuestra sociedad cada vez más secularizada en la que incluso los cristianos a menudo encuentran difícil hablar de la dimensión trascendente de nuestra existencia, tenemos que encontrar nuevas modos para transmitir a los jóvenes la belleza y la riqueza de la amistad con Jesucristo en la comunión de su Iglesia. Para resolver la crisis actual, las medidas que contrarresten adecuadamente los delitos individuales son esenciales pero no suficientes: hace falta una nueva visión que inspire a la generación actual y a las futuras generaciones a atesorar el don de nuestra fe común. Siguiendo el camino indicado por el Evangelio, observando los mandamientos y conformando vuestras vidas cada vez más a la figura de Jesucristo, experimentaréis con seguridad la renovación profunda que necesita con urgencia nuestra época . Invito a todos a perseverar en este camino.

13. Queridos hermanos y hermanas en Cristo, profundamente preocupado por todos vosotros en este momento de dolor, en que la fragilidad de la condición humana se revela tan claramente, os he querido ofrecer palabras de aliento y apoyo. Espero que las aceptéis como un signo de mi cercanía espiritual y de mi confianza en vuestra capacidad para afrontar los retos del momento actual, recurriendo, como fuente de renovada inspiración y fortaleza a las nobles tradiciones de Irlanda de fidelidad al Evangelio, perseverancia en la fe y determinación en la búsqueda de la santidad. En solidaridad con todos vosotros, ruego con insistencia para que, con la gracia de Dios, las heridas inflingidas a tantas personas y familias puedan curarse y para que la Iglesia en Irlanda experimente una época de renacimiento y renovación espiritual

14. Quisiera proponer, además, algunas medidas concretas para abordar la situación.

Al final de mi reunión con los obispos de Irlanda, les pedí que la Cuaresma de este año se considerase un tiempo de oración para la efusión de la misericordia de Dios y de los dones de santidad y fortaleza del Espíritu Santo sobre la Iglesia en vuestro país. Ahora os invito a todos a ofrecer durante un año, desde ahora hasta la Pascua de 2011, la penitencia de los viernes para este fin. Os pido que ofrezcáis el ayuno, las oraciones, la lectura de la Sagrada Escritura y las obras de misericordia por la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia en Irlanda. Os animo a redescubrir el sacramento de la Reconciliación y a utilizar con más frecuencia el poder transformador de su gracia.

Hay que prestar también especial atención a la adoración eucarística, y en cada diócesis debe haber iglesias o capillas específicamente dedicadas a ello. Pido a las parroquias, seminarios, casas religiosas y monasterios que organicen períodos de adoración eucarística, para que todos tengan la oportunidad de participar. Mediante la oración ferviente ante la presencia real del Señor, podéis cumplir la reparación por los pecados de abusos que han causado tanto daño y al mismo tiempo, implorar la gracia de una fuerza renovada y un sentido más profundo de misión por parte de todos los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles.

Estoy seguro de que este programa conducirá a un renacimiento de la Iglesia en Irlanda en la plenitud de la verdad de Dios, porque la verdad nos hace libres (cf. Jn 8, 32).
Además, después de haber rezado y consultado sobre el tema, tengo la intención de convocar una Visita Apostólica en algunas diócesis de Irlanda, así como en los seminarios y congregaciones religiosas. La visita tiene por objeto ayudar a la Iglesia local en su camino de renovación y se establecerá en cooperación con las oficinas competentes de la Curia Romana y de la Conferencia Episcopal Irlandesa. Los detalles serán anunciados en su debido momento.
También propongo que se convoque una misión a nivel nacional para todos los obispos, sacerdotes y religiosos. Espero que gracias a los conocimientos de predicadores expertos y organizadores de retiros en Irlanda, y en otros lugares , mediante la revisión de los documentos conciliares, los ritos litúrgicos de la ordenación y profesión, y las recientes enseñanzas pontificias, lleguéis a una valoración más profunda de vuestras vocaciones respectivas, a fin de redescubrir las raíces de vuestra fe en Jesucristo y de beber a fondo en las fuentes de agua viva que os ofrece a través de su Iglesia.

En este año dedicado a los sacerdotes, os propongo de forma especial la figura de San Juan María Vianney, que tenía una rica comprensión del misterio del sacerdocio. "El sacerdote -escribió- tiene la llave de los tesoros de los cielos: es el que abre la puerta, es el mayordomo del buen Dios, el administrador de sus bienes." El cura de Ars entendió perfectamente la gran bendición que supone para una comunidad un sacerdote bueno y santo: "Un buen pastor, un pastor conforme al corazón de Dios es el tesoro más grande que Dios puede dar a una parroquia y uno de los más preciosos dones de la misericordia divina ".Que por la intercesión de San Juan María Vianney se revitalice el sacerdocio en Irlanda y toda la Iglesia en Irlanda crezca en la estima del gran don del ministerio sacerdotal.
Aprovecho esta oportunidad para dar las gracias anticipadamente a todos aquellos que ya están dedicados a la tarea de organizar la Visita Apostólica y la Misión, así como a los muchos hombres y mujeres en toda Irlanda que ya están trabajando para proteger a los niños en los ambientes eclesiales. Desde el momento en que se comenzó a entender plenamente la gravedad y la magnitud del problema de los abusos sexuales de niños en instituciones católicas, la Iglesia ha llevado a cabo una cantidad inmensa de trabajo en muchas partes del mundo para hacerle frente y ponerle remedio. Si bien no se debe escatimar ningún esfuerzo para mejorar y actualizar los procedimientos existentes, me anima el hecho de que las prácticas vigentes de tutela, adoptadas por las iglesias locales, se consideran en algunas partes del mundo, un modelo para otras instituciones.
Quiero concluir esta carta con una Oración especial por la Iglesia en Irlanda, que os dejo con la atención que un padre presta a sus hijos y el afecto de un cristiano como vosotros, escandalizado y herido por lo que ha ocurrido en nuestra querida Iglesia. Cuando recéis esta oración en vuestras familias, parroquias y comunidades, la Santísima Virgen María os proteja y guíe a cada uno de vosotros a una unión más estrecha con su Hijo, crucificado y resucitado. Con gran afecto y confianza inquebrantable en las promesas de Dios, os imparto a todos mi bendición apostólica como prenda de fortaleza y paz en el Señor.
Desde el Vaticano, 19 de marzo de 2010, Solemnidad de San José.

ORACIÓN POR LA IGLESIA EN IRLANDA
Dios de nuestros padres,
renuévanos en la fe que es nuestra vida y salvación,
en la esperanza que promete el perdón y la renovación interior,
en la caridad que purifica y abre nuestros corazones
en tu amor , y a través de ti en el amor de todos nuestros hermanos y hermanas.

Señor Jesucristo,
Que la Iglesia en Irlanda renueve su compromiso milenario
en la formación de nuestros jóvenes en el camino de la verdad, la bondad, la santidad y el servicio generoso a la sociedad.
Espíritu Santo, consolador, defensor y guía,
inspira una nueva primavera de santidad y entrega apostólica
para la Iglesia en Irlanda.
Que nuestro dolor y nuestras lágrimas,
nuestro sincero esfuerzo para enderezar los errores del pasado
y nuestro firme propósito de enmienda,
produzcan una cosecha abundante de gracia
para la profundización de la fe
en nuestras familias, parroquias, escuelas y asociaciones,
para el progreso espiritual de la sociedad irlandesa,
y el crecimiento de la caridad, la justicia, la alegría y la paz en toda la familia humana.A ti, Trinidad,
con plena confianza en la protección de María,
Reina de Irlanda, Madre nuestra,
y de San Patricio, Santa Brígida y todos los santos,
nos confiamos nosotros mismos, nuestros hijos,
y confiamos las necesidades de la Iglesia en Irlanda.
.../CARTA PASTORAL/IRLANDA VIS 100320 (4800)

viernes, 19 de marzo de 2010

19 DE MARZO: DÍA DE SAN JOSÉ





Enséñanos, José:


cómo se es "no protagonista";
cómo se avanza, sin pisotear;
cómo se colabora, sin imponerse;
cómo se ama, sin reclamar.



Dinos, José:


cómo se vive, siendo "número dos",
cómo se hacen cosas fenomenales,
desde un segundo puesto".



Explícanos, José:


cómo se es grande, sin exhibirse;
cómo se lucha sin aplauso;
cómo se avanza, sin publicidad;
cómo se persevera y se muere,
sin esperar un homenaje"




















Cc


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miércoles, 17 de marzo de 2010

MENSAJE PARA XXV JORNADA MUNDIAL DE JUVENTUD




MENSAJE PARA LA XXV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

CIUDAD DEL VATICANO, 16 MAR 2010 (VIS).-Se acaba de publicar el mensaje del Santo Padre con ocasión de la XXV Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará el 28 de marzo, Domingo de Ramos, en todas las diócesis. El tema de este año es: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17).

Siguen extractos del texto en español:

"La presente XXV Jornada representa una etapa hacia el próximo Encuentro Mundial de los jóvenes, que tendrá lugar en agosto de 2011 en Madrid, donde espero que seáis muchos los que viváis este acontecimiento de gracia.

"Para prepararnos a esta celebración, quisiera proponeros algunas reflexiones sobre el tema de este año: " "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?", tomado del episodio evangélico del encuentro de Jesús con el joven rico, un tema ya afrontado en 1985 por el Papa Juan Pablo II en una bellísima carta dirigida por primera vez a los jóvenes.

1. Jesús se encuentra con un joven

"Este relato expresa de manera eficaz la gran atención de Jesús hacia los jóvenes; (...) su deseo de encontraros personalmente y de abrir un diálogo con cada uno de vosotros".

2. Jesús le miró y le amó

"En el relato evangélico, san Marcos subraya cómo "Jesús, fijando en él su mirada, le amó" (Mc 10,21). En la mirada del Señor está el corazón de este especialísimo encuentro y de toda la experiencia cristiana. De hecho el cristianismo no es en primer lugar una moral, sino experiencia de Jesucristo, que nos ama personalmente, jóvenes o viejos, pobres o ricos; nos ama también cuando le damos la espalda".

"La conciencia de que (...) Cristo ama a cada uno y siempre (...) nos permite superar todas las pruebas: el descubrimiento de nuestros pecados, el sufrimiento, el desánimo. En este amor se encuentra la fuente de toda la vida cristiana y la razón fundamental de la evangelización: ¡si verdaderamente hemos encontrado a Jesús no podemos sino dar testimonio de El a todos aquellos que aún no han cruzado su mirada con El!".

3. El descubrimiento del proyecto de vida

"El joven rico pregunta a Jesús: "¿Qué tengo que hacer?" La etapa de la vida en la que estáis inmersos es tiempo de descubrimiento: de los dones que Dios os ha otorgado y de vuestras responsabilidades. Es, también, tiempo de decisiones fundamentales para construir vuestro proyecto de vida. Es el momento, por tanto, de interrogaros sobre el sentido auténtico de la existencia y de preguntaros: "¿Estoy satisfecho con mi vida? ¿Hay algo que me falta?".

"¡No tengáis miedo de afrontar estas preguntas! (...) Esperan respuestas no superficiales, sino capaces de satisfacer vuestras auténticas esperanzas de vida y de felicidad. Para descubrir el proyecto de vida que puede haceros plenamente felices, escuchad a Dios, que tiene su diseño de amor sobre cada uno de vosotros".

4. ¡Ven y sígueme!

"La vocación cristiana brota de una propuesta de amor del Señor y solo puede realizarse gracias a una respuesta de amor. (...) Siguiendo el ejemplo de tantos discípulos de Cristo, acoged con gozo también vosotros, queridos amigos, la invitación al seguimiento, para vivir intensamente y con fruto en este mundo".

"La tristeza del joven rico del Evangelio es la que nace en el corazón de cada uno cuando no se tiene el valor de seguir a Cristo, de cumplir la decisión justa. ¡Pero nunca es demasiado tarde para responderle!".

"En este Año Sacerdotal, quisiera exhortar a los jóvenes y a los chicos a estar atentos a si el Señor os invita a un don más grande, en el camino del sacerdocio ministerial, y a estar dispuestos a acoger con generosidad y entusiasmo este signo de especial predilección, emprendiendo con un sacerdote, con el director espiritual, el necesario camino de discernimiento. ¡No tengáis miedo queridos jóvenes y queridas jóvenes, si el Señor os llama a la vida religiosa, monástica, misionera o de especial consagración: Él sabe donar alegría profunda a quien responde con valor!".

"Invito, además, a cuantos sienten la vocación al matrimonio a acogerla con fe, empeñándose en poner bases sólidas para vivir un amor grande, fiel y abierto al don de la vida, que es riqueza y gracia para la sociedad y para la Iglesia".

5. Orientados hacia la vida eterna

"Interrogarse sobre el futuro definitivo que nos espera a cada uno de nosotros da sentido pleno a la existencia, ya que orienta el proyecto de vida hacia horizontes que no son limitados y pasajeros, sino amplios y profundos, que llevan a amar el mundo, tan amado por el mismo Dios, a dedicarnos a su desarrollo, pero siempre con la libertad y la alegría que nacen de la fe y de esperanza. Son horizontes que ayudan a no considerar absolutas las realidades terrenas, sabiendo que Dios nos prepara una perspectiva más grande. (...) Queridos jóvenes, os exhorto a no olvidar esta perspectiva en vuestro proyecto de vida: estamos llamados a la eternidad".

6. Los mandamientos, camino del amor auténtico

"(...) También a vosotros, Jesús os pregunta si conocéis los mandamientos, si os preocupáis por formar vuestra conciencia siguiendo la ley divina y si los ponéis en práctica. Ciertamente, se trata de preguntas contracorriente respecto a la mentalidad actual, que propone una libertad desligada de valores, de reglas, de normas objetivas e invita a rechazar todo límite a los deseos del momento".

"Dios nos da los mandamientos porque quiere educarnos en la verdadera libertad, porque quiere construir con nosotros un Reino de amor, de justicia y de paz. Escucharlos y ponerlos en práctica no significa alienarse, sino encontrar el camino de la libertad y del amor auténticos, porque los mandamientos no limitan la felicidad, sino que indican cómo encontrarla".

7. Os necesitamos

"Los que hoy viven la condición juvenil tienen que afrontar muchos problemas derivados del desempleo, de la falta de referencias ideales seguras y de perspectivas concretas para el futuro. (...) A pesar de las dificultades: ¡no os dejéis desanimar y no renunciéis a vuestros sueños! Cultivad en cambio en el corazón grandes deseos de fraternidad, de justicia y de paz. El futuro está en las manos de quienes saben buscar y encontrar razones sólidas de vida y de esperanza".

"(...) En mi reciente encíclica sobre el desarrollo humano integral, "Caritas in veritate" citaba algunos de los grandes retos actuales, que son urgentes y esenciales para la vida en este mundo: el uso de los recursos de la tierra y el respeto de la ecología, la justa división de los bienes y el control de los mecanismos financieros, la solidaridad con los países pobres en el ámbito de la familia humana, la lucha contra el hambre en el mundo, la promoción de la dignidad del trabajo, el servicio a la cultura de la vida, la construcción de la paz entre los pueblos, el dialogo interreligioso, la buena utilización de los medios de comunicación social".

"Son retos a los que estáis llamados a responder para construir un mundo más justo y fraterno. Son desafíos que requieren un proyecto de vida exigente y apasionante, al servicio del cual depositar toda vuestra riqueza según el proyecto que Dios tiene para cada uno de vosotros".

"En este Año Sacerdotal, os invito a conocer la vida de los santos, en particular la de los santos sacerdotes. Veréis que Dios los guió y que encontraron su camino día a día, precisamente en la fe, en la esperanza y en el amor. Cristo os llama a cada uno de vosotros a comprometeros con Él y a asumir vuestras responsabilidades para construir la civilización del amor."
MESS/JORNADA MUNDIAL JUVENTUD/... VIS 100316 (1270)