domingo, 27 de septiembre de 2009

LECTURAS DEL DOMINGO XXVI: TIEMPO ORDINARIO


Enlace para obtener las lecturas correspondientes a este domingo XXVI del tiempo ordinario.


COMENTARIO:
Curiosamente, la primera lectura y el evangelio traen a la palestra una situación similar: Unas personas, ajenas al establishment oficial, profetizan -en el primer caso- o expulsan demonios -en el relato evangélico- en el nombre de Jesús.
En ambos caso surge el humano egoismo que intenta hacer callar esas voces "diferentes".
Jesús zanja la cuestión: <>
La situación expuesta nos debe recordar a los cristianos nuestra vergozante y vergonzosa situación de separación. Los seguidores de Cristo -católicos, ortodoxos y protestantes- llevamos separados muchos siglos. ¡Da pena y vergüenza!
Cristo es quien nos une. Somos uno porque comemos el mismo Pan, seguimos el mismo Camino, existimos injertados en la misma Vid.
¡Qué pena que la oración de Jesús, la oración sacerdotal, pidiendo por nuestra unidad la hayamos obviado y sigamos, los cristianos, dando este espectáculo/antitestimonio de la desunión!
Más aún: incluso entre los mismos miembros de la Iglesia Católica -y, por desgracia, también entre los hermanos protestantes u ortodoxos-, reñimos y discutimos presentando nuestra ideas como las verdaderas; rechazamos a nuestros hermanos y compañeros si tienen otra opinión distinta o su estilo o modo de vivir el cristianismo se sale de las coordenadas que se nos antojan las prístinas y verdaderas. ¡Cuántas fuerzas gastamos criticando a los hermanos, a los compañeros sacerdotes, a la curia, a los jóvenes... a cualquiera que se mueva! Debemos ahondar en nuestra nueva realidad: Somos, en Cristo, hermanos e hijos del Dios vivo. Esta es nuestra riqueza, la que el apóstol Santiago nos propone en su carta, lanzándonos una dura crítica a los que ponemos nuestro corazón en otras riquezas:
"Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados; vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará a vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en estos días que son los últimos. Mirad; el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste".

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